Sentir no es universal: cómo la cultura moldea nuestras emociones

¿Alguna vez has viajado a otro país y te has sorprendido de cómo la gente expresa (o no expresa) lo que siente? Tal vez en España viste a alguien llorar abiertamente en público, mientras que en Japón la misma emoción apenas se deja entrever tras una sonrisa contenida. Esto nos lleva a una gran pregunta: ¿realmente las emociones son universales?

La ciencia ha demostrado que sí existen emociones básicas compartidas por todos los seres humanos —como la alegría, la tristeza o el miedo—, pero la manera en que las vivimos y expresamos está profundamente influenciada por la cultura en la que crecemos.

Emociones universales… pero expresiones diferentes

El psicólogo Paul Ekman estudió durante décadas los gestos faciales y encontró que ciertas expresiones son reconocidas en todo el mundo. Una sonrisa, una mueca de miedo o un ceño fruncido suelen significar lo mismo.

Pero aquí está lo interesante: que reconozcamos esas emociones no significa que las expresemos de la misma forma.

Por ejemplo:

  • En muchas culturas occidentales, mostrar lo que uno siente es visto como signo de autenticidad y salud emocional.
  • En Japón, en cambio, se valora más el autocontrol y la armonía grupal: la tristeza se vive hacia adentro, sin incomodar a los demás.

Una anécdota real

Una investigadora contó que, durante un congreso en EE. UU., un profesor japonés recibió una fuerte crítica a su trabajo. Mientras muchos asistentes esperaban una reacción defensiva o un gesto de enfado, él respondió con una sonrisa tranquila.

Más tarde explicó: “En mi cultura, mostrar enfado en público sería una falta de respeto hacia el grupo. Prefiero contenerlo”.

Ese mismo gesto, en otra cultura, habría sido interpretado como indiferencia o debilidad.

Palabras que no existen en todos los idiomas

El lenguaje también moldea lo que sentimos. Hay términos emocionales que no tienen traducción exacta:

  • Schadenfreude (alemán): alegría por el mal ajeno.
  • Amae (japonés): el placer de depender del cariño de alguien.
  • Morriña (gallego): una nostalgia profunda por la tierra natal.

Estos conceptos nos muestran que la cultura no solo cambia cómo expresamos las emociones, sino también cómo las comprendemos.

Cómo influye la cultura en la vida cotidiana

  • En un entorno laboral occidental, expresar entusiasmo puede verse como un valor añadido.
  • En algunos países asiáticos, un exceso de emoción puede percibirse como falta de seriedad.
  • Incluso en la familia, lo que se considera normal al hablar de emociones varía: hay culturas donde se conversa abiertamente sobre lo que se siente, y otras donde se espera que las emociones se guarden para uno mismo.

Psicología cultural: lo que sentimos también se aprende

Expertos como Hazel MarkusShinobu Kitayama y Catherine Lutz han mostrado que las emociones no solo son biológicas: también son culturales. El contexto en el que nacemos y crecemos deja huellas en nuestra manera de emocionarnos.

Esto no significa que unos sientan más o menos que otros. Significa que sienten diferente.

Reflexión final

Entender que sentir no es universal nos hace más empáticos. Nos permite comprender por qué alguien puede llorar en silencio mientras otro se desahoga en voz alta, o por qué lo que para ti es natural, para otra persona puede ser incómodo.

La próxima vez que veas una reacción emocional distinta a la tuya, recuerda: no es frialdad ni exageración, es cultura. Y reconocerlo es dar un paso hacia una convivencia más consciente y respetuosa.

👉 Si quieres ver ejemplos claros y visuales sobre cómo la cultura influye en nuestras emociones, te invito a mirar el video completo en nuestro canal de YouTube, PsyLife.

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